Salón Marinero

Este salón de quince metros de largo por siete de ancho era el antiguo comedor de verano de la familia, por lo que desde los inicios este espacio se decoró con temas marineros en honor a las actividades de ultramar del primer duque de Holguín, almirante de la Flota de las Indias, que creo su imperio comerciando entre España y Cuba e incluso contaba con una compañía náutica con seis navíos de su propiedad. En la actualidad está dedicada a comidas privadas, dada la imposibilidad de desmontar el costoso mobiliario. 

El suelo, de mármol azul, imita las tranquilas aguas de un limpio mar, y está bordeado por una cenefa de ondas en un tono más oscuros. En las esquinas, cuatro pequeñas fuentes de mármol blanco, cuyo cuerpo principal lo forman grandes peces que escupen un chorro de agua que se precipita en un pequeño vaso del mismo material, lo que aporta el sonido del agua corriente y frescura al ambiente. Dos chimeneas de mármol blanco de Carrara, que seguramente no se han encendido nunca, coronan las paredes norte y sur, sobre las que reposan dos relojes de bronce, pertenecientes a la valiosa colección de la propiedad.

Las paredes, de estuco veneciano pintado en azul muy pálido, con molduras y cuarterones de yeso, en blanco, de los cuales cuelgan una colección de marinas firmadas por reconocidos autores, como dos de Joaquín Sorolla y uno de Nicolás Alfaro Brieva, un paisaje veneciano de Francisco Guardi y la joya de la sala, un embravecido mar inmortalizado por J. M. W. Turner, entre otros.

 

En cuanto al techo, uno de los más espectaculares del palacio, es un fresco pintado por Zacarías González Velázquez que representa un cielo estrellado sobre el que están pintadas las constelaciones de la Osa Mayor y la Osa Menor, personificadas por la ninfa Calixto y su hijo Arcas, al que un todopoderoso Zeus vigila desde la distancia y cuida de que el resplandor de la Estrella Polar nunca se apague y así pueda guiar a buen puerto a los navegantes durante sus singladuras.

En el centro de la sala, una robusta mesa imperial de madera de palisandro para catorce comensales –rectangular con los extremos redondeados– es la protagonista de la estancia. Rodeada por sillas de estilo Luis XV, con respaldo de medallón tapizado, al igual que el asiento, con motivos marineros; anclas, timones y navíos a vela, que hacen juego con el camino de mesa que atraviesa longitudinalmente el tablero sobre un mantel de hilo blanco.

 

Los dos amplios ventanales que abren sus vistas a la bahía desde la pared este están cubiertos por gruesos cortinajes de seda azul marino y visillo de hilo blanco, para minimizar el calor y la luz durante las horas del calor gaditano.

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