Salón de las Flores

SALÓN-FLORAL.jpg


La Sala de la Flores, situada en el primer piso, es una habitación cuadrada de 7 x 7 metros, que abre su gran ventanal al jardín interior. Este espacio era la sala de costura y de juegos de la V duquesa de Holguín y ella misma la hizo decorar con mobiliario traído especialmente desde Italia, a excepción de las treinta sillas de caoba de estilo Hepplewhite –de líneas rectas y espaldas redondeados con tallas en el interior– que datan de la época en la que se construyó el palacete. Dado el mal estado que presentaba la tapicería original, Ana la hizo cambiar por una tela adamascada italiana en tonos dorados, a juego con las cortinas que cubren las ventanas.

 

Las paredes, recubiertas de paneles de madera blanca con molduras, soportan cuadros de importantes pintores, que en diversos tamaños y formas representan imágenes de diosas y personajes femeninos de la mitología clásica, todas ellas realizando labores que tienen que ver con el uso que se daba a la estancia:  el reto de Aracne y Atenea, en una versión del cuadro de las hilanderas de Velazquez; a Penélope destejiendo su manto mientras espera la llegada de Ulises; las tres Moiras tejiendo el hilo de la vida de una joven, etc., así como diversas imágenes de ninfas, diosas y heroínas jugando, leyendo o escuchando e interpretando música. Es evidente, tanto por el mobiliario como por el despliegue pictórico, que la duquesa se esfuerza en mostrar y dejar claro que en ese espacio los hombres no son bienvenidos.

El suelo es de mármol blanco con veta dorada y cenefa en tonos marrones alrededor, con un gran rosetón en el centro que luce un elaborado tulipán amarillo. El techo, plano, apoyado en un friso de escayola con grandes volutas y flores, luce una sencilla pintura al fresco que ofrece la vista de un cielo azul con nubes algodonosas y una bandada de vencejos y golondrinas sobrevolando el espacio. Del centro, colgado de un rosetón floreado, también de escayola, cuelga una impresionante lámpara Rezzonico de cristal de Murano de doce brazos, en vidrio transparente en las tulipas y las lágrimas, con flores de tulipán en cristal coloreado en varios tonos.

 

El mobiliario está compuesto por cuatro mesas del siglo XVI de marquetería napolitana sobre patas de madera de raíz de cerezo, que presentan alegres ramos de flores de varias especies creadas con taracea de mármoles florentino y piedras semipreciosas de jade, cuarzo, ágata, jaspe, lapislázuli, calcedonia, etc,. En las esquinas, cuatro vitrinas rinconeras de raíz de cerezo venecianas, de líneas rectas, con puertas de cristal y madera, cajones y estantes. Completa la decoración una chimenea francesa de mármol negro, sobre la que se apoya un costurero chino de la dinastía Qing muy elaborado, en madera lacada pintada en negro, rojo y dorado, con diseños de perros Fu y aves del paraíso.