Salón de la Duquesa

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Nos encontramos en el antiguo dormitorio de la duquesa de Holguín. Colindante a las dependencias del duque y con acceso directo desde estas, este espacio ha sido utilizado por todas ellas, a excepción de doña Fina, que nunca llegó a tomar posesión de él. Dadas sus grandes proporciones (14 x 7 m), su madre, la duquesa consorte de Holguín, se hizo instalar allí un moderno despacho de estilo veneciano que ocupaba una importante zona y desde donde ella gestionaba sus dominios con mano firme. Este mobiliario es el que hoy utiliza Patricia en su zona de trabajo en la planta baja.

Junto a esta habitación, y separado por un boudoir  para el aseo personal, cuya entrada directa ha sido cancelada para convertirlo en baños públicos del hotel, se encontraba otra sala que la señora de la casa utilizaba como salón privado –hoy salón de conferencias–.

Un impresionante retrato de cuerpo entero de doña Carmen Ponce, obra de Ricardo Macarrón, preside la estancia desde encima de la chimenea de mármol blanco de Carrara de la izquierda, a juego con el de su esposo, VI duque de Holguín, que luce sobre la chimenea opuesta. Las paredes, con cuarterones y molduras, están cubiertas con una costosa seda en tonos dorados y verdes, con un alegre diseño de ramas, garzas y pájaros del paraíso, que ha podido ser restaurada dado el buen estado de esta. Dos enormes espejos Thomas Chippendale de finales del siglo XVIII con marcos dorados, de 110 x 76 cm., son los únicos adornos que cuelgan de ellas y que hacían juego con las dos pequeñas consolas, de las cuales solo se expone una, y la cama y el tocador que han sido donados al Museo de Cádiz.

El techo es un impresionante fresco que abarca toda la estancia, obra de Asensio Juliá (alumno de Goya), en el que se ha representado a Morfeo sobrevolando un campo de flores de adormidera y llevando en sus brazos a una joven dama hasta la mansión de los sueños –sin duda una representación de la primera duquesa de Holguín– , mientras Himeneo –dios de las ceremonias matrimoniales e hijo de Dionisio y Afrodita– le alumbra el camino con su antorcha.

En cuanto al suelo, es un maravilloso ejemplar de mármol de Carrara y tiene una ancha cenefa de hojas y flores alrededor en tonos verdes claros, ocres y beiges, lo que da una gran elegancia a la estancia.

Desde la inauguración del Hotel-Palacio Los Tulipanes, ese suele ser uno de los salones donde se celebran bodas y comidas, por lo que está vestido con siete mesas redondas de diez comensales cada una, decoradas en blanco y púrpura; color que también está presente en los grandes cortinajes que cubren las dos ventanas que se abren a la fachada oeste. No obstante, el montaje del mobiliario suele variar según la utilidad que vaya dársele.