Salón de conferencias


Esta habitación era la antigua cámara privada de la duquesa y tenía acceso directo a ella desde el boudoir que la separaba de su dormitorio. Hoy, una vez cancelado ese acceso, ha pasado a ser una sala de conferencias para 30-50 asistentes de 13 x 7 metros.

Sus ventanas están orientadas al oeste, lo que proporciona a la estancia una ambiente fresco y agradable. Los cortinajes de terciopelo azul cobalto con bordados en plata que las cubren evitan la entrada de los rayos del sol durante el ocaso y protege el papel pintado que forra las paredes, adquirido en Francia en el siglo XVIII, en color azul celeste con decoración de pequeños amorcillos tocando la flauta y la lira y que aún se conserva intacto en esa habitación.

Tanto el suelo, de mármol travertino, como el mobiliario fueron diseñados en su día como un conjunto, por lo que conforman una maravillosa composición en diferentes tonos azules, grises y blancos. El pavimento está compuesto por una elegantísima taracea de mármoles que crean una decoración elegante con una cenefa y un gran rosetón en el medio. Sobre este, cuatro consolas de estilo Rococó, obra de Antoine Gaudreau, que provienen de la anterior vivienda de los primeros duques de Holguín, con estructura de marquetería de bronce y madera y repisas de lapislázuli, sobre las que descansan algunos de los relojes de la colección; dos de ellos obras de Piera Jacquet Droz –con autómatas vestidos a la moda del sigo XVIII que bailan cuando dan las horas–; y otros tres, de época imperio, de los maestros relojeros John Encott y Ferdinad Berthoud. En la pared, otros tantos espejos de grandes proporciones a juego. 

 

Completa el conjunto una chimenea de mármol negro sobre la que vigila la estancia un retrato del arzobispo la archidiócesis de Sevilla, tío paterno del primer duque de Holguín, firmado por Federico Madrazo, y una fabulosa colección de cinco estatuas de mármol de Carrara, que representan a héroes olímpicos en plena competición, obra del cincel del escultor italiano del siglo XVIII Antonio Canova, están soportadas sobre pequeños pedestales que hacen juego con las consolas.

Con posterioridad a la decoración de esta sala, se mandó elaborar un fresco para el techo al pintor renacentista Valeriano Bécquer (hermano del famoso poeta Gustavo Adolfo); una alegoría de la musa Calíope, con su rutilante corona dorada y adornada con guirnaldas, mientras que, trompeta en mano, enseña a cantar a Aquiles mientras ambos son asistidos por una legión de amorcillos acompañándoles en la tarea con sus instrumentos musicales, pintado por Valeriano Bécquer. Rematan la composición, en las pechinas norte y sur de la habitación, cuatro amorcillos de estuco que sujetan, de dos en dos, los escudos nobiliarios de los duques de Holguín y el de la familia de doña Eugenia, primera duquesa consorte y marquesa de Tierralta. En el centro, pendiendo de un rosetón de estuco, una enorme araña veneciana de cristal de roca y plata con cincuenta y cuatro luces. 

El resto de mobiliario, que se había ido incorporando con el paso de los años a esa estancia y que no formaban parte de la decoración inicial, ha sido trasladado a otras dependencias, como los sillones Chester que en la actualidad adornan la biblioteca del palacete, algunas mesas y otros enseres.

En la actualidad, en el espacio vacío resultante se han instalado treinta sillas Luis XV, en formación de auditorio, tapizadas con terciopelo cobalto y plata a juego con las cortinas. En el flanco norte, se ha colocado una mesa de conferencias para cinco ponentes. Además, la sala goza de una moderna instalación audiovisual, con pantalla móvil, acorde para dar el servicio con que se la ha dotado.