Salón de Bodas

Salón de Bodas

El Salón de Bodas es un espacio abierto de 29 m de largo por 7 de ancho que, antaño, cuando el primer duque de Holguín diseñó el palacete, era ocupado por el comedor principal en el que se daban los grandes banquetes.
 

Ana elige ese espacio para instalar ahí el salón para hacer las celebraciones de las bodas debido a la decoración de las paredes. Se trata de una colección de ocho lienzos firmados por Jean-Auguste Dominique Ingres, que pertenecen a sus inicios pictóricos, y que son representaciones de diferentes escenas de amor de otras tantas parejas mitológicas: El rapto de Europa, Psique y Cupido, Venus y Adonis, Paris y Helena, Dafne y Apolo, Hades y Perséfone, Orfeo y Eurídice y Odiseo y Penélope; los dos primeros, situados en las cabeceras de la sala, de 6 m de ancho por 2 de alto y los seis restantes de 4 x 2, en los huecos entre las dobles puertas de palillería francesa lacadas en blanco. La "historia" cuenta que el primer duque de Holguín conoce a Ingres en París, mientras este estudia con Jean Luis David, durante uno de sus viajes a la capital francesa en 1799. Allí, se enamora de uno de los trabajos del joven aprendiz y le encarga ocho lienzos para el comedor de su palacio con temas de amores mitológicos. (Por supuesto, tanto la historia como los cuadros no existen en la vida real y pertenecen a la imaginación de las autoras de esta serie).
 

Además, en los huecos entre existentes entre las seis enormes ventanas (3 m de altura x 2 de ancho)  de la fachada este, vestidas con elegantes cortinajes de seda en color camel, hay tres representaciones de Cupido, obra de Hernán Pagani, confeccionadas en alabastro semitranslúcido sobre sendos pedestales, estratégicamente iluminados desde abajo para dar la sensación de fragilidad típica de ese material. Y, en los huecos restantes, espectaculares centros florales de tulipanes blancos y amarillos, que también bordean el resto de la estancia.
 

El suelo, de mármol beige con veta marrón, está dividido en tres espacios en medio de cada uno de los cuales se dibujan filigranas del mismo material en la gama de colores de toda la decoración, a modo de rosetones. Aprovechando estas divisiones, Ana y Mario han estructurado dos divisores de paneles móviles por si es necesario hacer el espacio más pequeño. Paneles que quedan estratégicamente ocultos por centros de flores cuando no son utilizados.
 

Las paredes y los techos, ligeramente abovedados y situados a cinco metros de altura, están pintados en color blanco neutro con casetones y molduras de estuco en oro. Tres impresionantes arañas venecianas, de cristal de Murano y bronce dorado cuelgan desde los decorados rosetones florales pintados en los mismo tonos.  Para completar la iluminación de la sala, entre las molduras del perímetro exterior, se han encastrado numerosos focos halógenos que dan un aire de modernidad al espacio sin menoscabo del efecto clásico.

 

El mobiliario se compone por veinticuatro mesas redondas para ocho comensales cada una y una mesa presidencial rectangular (en la pared norte), para los contrayentes y padrinos, que acoge un máximo de ocho personas. Esto confiere al salón un aforo de doscientas personas.
 

La decoración de las mesas está realizada con manteles blancos y servilletas en el mismo tono que los cortinajes, colocadas en rulo con servilleteros dorados sobre la vajilla –blanca con bordes de filo de oro–, que se asienta sobre bajoplatos, también dorados. La cubertería es de acero con aplicaciones de oro y la cristalería, lisa, transparente y sin ningún tipo de dibujo –copa de vino blanco, tinto, agua y cava–. Al centro de cada mesa, un arreglo floral de tulipanes blancos y amarillos; igual que en la mesa principal, que se sitúan en las esquina, en los límites de la guirnalda de estas mismas flores que cae sobre el frente.
 

Por último, en la pared sur, sobre una mesa móvil engalanada con mantel del color camel, se expone la tarta de autor que los contrayentes hayan elegido para la celebración de su enlace.