Paty

Patricia Hensen es la cuarta de las Tulipanes y la única que no cree en el amor para siempre jamás. Lectora impenitente de novelas románticas, piensa que el destino no ha escrito para ella un final feliz.

Nacida en Oslo, de madre gaditana y padre noruego, tras el divorcio de estos se traslada a Cádiz cuando apenas cuenta once años. Allí su madre la inscribe en un internado en la capital gaditana, el Santa Brígida Irish School, dejándola sola en un lugar en donde no conoce a nadie. Esto la convierte en una niña resentida y reservada, enfadada con la mujer que la ha arrancado de su tierra, de sus amigos y de todo lo que ella siempre ha conocido.

 

Pero, sin esperarlo, se hace amiga de tres chicas vivarachas y simpáticas. Ana, Beatriz y Gabriela la acogen y la integran en su grupo cuando ella más lo necesita. Allí también conoce a doña Fina, su profesora de Lengua y Literatura, que las        

entusiasma para que formen un grupo de lectura, a imagen de la película El club de los poetas muertos. Ellas llamarán al suyo “El club de Las Tulipanes”. Doña Fina se convierte en un referente para Patricia, ya que de manera casi natural, la mujer pasará a ejercer de la madre que casi se ha desentendido de ella.

Metódica y disciplinada, al terminar sus estudios de Bachillerato, Patricia tiene muy claro lo que quiere hacer con su vida: estudiar Derecho, para lo que se traslada a Granada. Una vez licenciada, empieza su andadura profesional en Almería, en donde se convierte en el azote de la Administración Pública. En esta bella ciudad andaluza se siente feliz: goza de una merecida fama de abogada fría y certera, su nombre es sinónimo de pleito ganado y, además, cree encontrar el amor en los brazos de Pablo. Pero esto solo será un espejismo y ella rompe su relación en cuanto él le dice que, una vez casados, le gustaría que se apartara de su profesión y se dedicara a la familia.

Cuando se entera del fallecimiento de su querida doña Fina y recibe una carta de su abogado, que la convoca a una reunión con el notario de la difunta, lo último que espera es que esa noticia cambie su destino por completo.       

 

A su regreso a Cádiz, Patricia sigue siendo la misma chica seria y formal. Sus amigas dicen que tiene “un reloj en el culo” porque jamás han visto que llegue tarde a ningún sitio. Pero también se ha convertido en una mujer muy guapa. De su padre ha heredado los genes nórdicos: una considerable altura y una melena pelirroja, además de unos impresionantes ojos azules que, en ocasiones, miran con frialdad lo que provocan que muy pocas

personas accedan a su interior. Las chanzas y las pullas al respecto son el pan nuestro de cada día, pero ella las gestiona con su habitual mano izquierda, ya que es dueña de un peculiar sentido del humor y suele recurrir al sarcasmo para enmascarar su corazón herido y su anhelo de ser feliz. 

De sí misma piensa que es una adicta al trabajo, pero cuando tiene tiempo libre o está agobiada y necesita pensar, recurre a la fotografía. Le encanta tomar su cámara y hacer instantáneas de todo lo que le rodea. A menudo, los resultados la sorprenden incluso a ella misma. 

Y aunque no lo diga todas las veces que lo piensa, quiere muchísimo a Ana, Bea y Gabriela, que más que sus amigas son las hermanas que nunca tuvo… por mucho que en ocasiones le toquen las narices. Claro que asume que eso son cosas de hermanas. 

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