Patio y zonas comunes

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El gran patio central, de 24 x 24 metros, se abre a continuación de la zona de recepción y se accede a él a través de la galería porticada de 3 metros de ancho, en torno a la cual se distribuyen las principales dependencias, y está rodeado, en sus tres pisos superiores, por amplias galerías perimetrales abalaustradas de mármol blanco de Carrara

 

La carpintería interior, las yeserías decorativas de los techos o la gran montera central, de hierro y cristales, representan todo un alarde de estética que corresponden al gusto imperio francés, pero con el contrapunto efectista de la arquitectura ecléctica de la época, que ha quedado reforzado por la decoración interior que para este espacio ha diseñado Ana.

El suelo, también de mármol de Carrara, está constituido por un intrincado diseño de mármol gris que forma filigranas irregulares. En el centro, una fuente de estilo árabe con un vaso en forma de estrella de ocho puntas realizada en mosaicos de teselas de cerámica vitrificada talladas a mano con un surtidor central que soporta dos cuencos en distintos tamaños desde los que rebosa el agua. Ocho maceteros de cerámica sevillana, con grandes y frondosas aspidistras, colocadas junto a los vértices de la estrella completan el conjunto.

En las cuatro esquinas se encuentran grandes macetas, del mismo estilo y diseño, con enormes kentias que, junto a las anteriores, aportan color y frescor al entorno. Detrás de estas, unas estatuas que simulan esclavos africanos a tamaño natural, de bronce oscurecido, soportan sendos candelabros de varios brazos rematados con globos de cristal blancos y que se encargan de la iluminación artificial del entorno, junto los apliques del mismo tipo que apoyan contra las paredes de las estancias, a distancia regular unos de otros. 

El toque moderno lo aporta el mobiliario. Dieciocho conjuntos de mesas cuadradas de rattan y cristal de la marca Rohé Noordwolde con un pequeño adorno floral de tulipanes rosas y blancos sobre cada una de ellas, rodeadas por cuatro sillones a juego de Point, modelo Golf, vestidos con asientos de loneta blanca y adornados con cojines rosas y beige, acogen a los clientes del hotel durante su descanso o mientras toman un refresco servido por los camareros de la cafetería. 

 

Al fondo del patio, una esplendorosa escalera imperial de mármol de Carrara, obra de los hermanos Agapito y Venancio Vallmitjana, da acceso a la zona superior, en cuya balaustrada descubrimos motivos alusivos al teatro y a la música. Esta tiene un doble arranque que se une en una meseta de la que parte un solo tiro que da acceso al primer cuerpo. La escalera se flanquea por los vanos de acceso a las dependencias que se ubican en torno al jardín y que en la actualidad están ocupadas por el restaurante y la cafetería. Estos vanos adintelados destacan sobre el resto por los pequeños frontones que los remarcan, además de estar constituidos por arcos casi escarzanos que apoyan, en su lado más cercano a la escalera, en columnas toscanas.

 

Nos dan la bienvenida a este espacio cuatro discretas y coquetas ninfas esculpidas por Pagani, que portan candelabros de hierro negro en sus manos, y que trajo desde Milán el mismísimo duque de Holguín, al igual que la impecable escultura –que representa a una mujer griega de finos rasgos y expresión impertérrita, con la cabeza ligeramente inclinada hacia el suelo sujetándose el peplo con la mano derecha–, que está situada bajo la bóveda de la escalera principal, desde donde se abre el acceso a un recogido jardín interior

Las paredes de la escalera están cubiertas por diecisietes cuadros de notables artistas de la época: dos floreros, de Juan de Arellano; una marina, de Antonio Brugada; paisajes de Vicente Camarón, Francisco Collantes, José Brugada, Andrés Cortés y Aguilar y Enrique Contreras; escenas de género, de Dióscoro Teófilo de la Puebla y Ángel Lizcano; dos guirnaldas, de Van Thelen; bodegones de Alejandro Loarte, Luis Gualtien y Mateo Cerezo, y dos paisajes románticos de Genaro Pérez Villamil –el mayor exponente del Romántico Español–, uno de ellos de gran tamaño, del puerto de La Habana a principios del siglo XIX, que ocupa el rellano. Bajo él se encuentran dos bancos barrocos de madera, estilo Luis XV, tapizados en capitoné con ante beige, así como uno de los múltiples relojes de la fastuosa colección de los duques, repartidos por todas las estancias del palacio. El entorno, además, cobra vida gracias a las ramas de hiedra que caen desde pequeñas macetas situadas en el suelo del piso principal, pegadas a la balaustrada.

 

En el frente opuesto, la galería, de tres metros de ancho, apoya igualmente sobre columnas de orden toscano. El resto de los vanos que dan acceso a las estancias que se abren al patio, en sus laterales, se cierran mediante arcos de medio punto que se remarcan mediante molduras y que quedan separados por columnas. En los dos laterales este y oeste del corredor, los arcos quedan remarcados mediante molduras y separados por pilastras adosadas a los muros que separan las distintas dependencias.

 

Los techos son planos y se unen a la pared con una pequeña curvatura decorada con baquetones y molduras. Un elegante suelo ajedrezado de mármol de Carrara conforma el pavimento de todas las galerías. Sillas Luis XV, tapizadas en seda de Damasco en burdeos, alternan los huecos entre las pilastras, junto con algunos de los relojes de la colección, apoyados en consolas del mismo estilo, y espectaculares jarrones chinos soportados en pedestales, que pertenecieron a la colección particular del primer duque de Holguín y que está formada por ejemplares datados desde el siglo XIV hasta mediados del siglo XVII. Cuadros con diversos motivos religiosos, firmados por Francisco Antolínez, Vicente Carancho, José Antolínez y un Luca Giordano adornan las paredes de estos espacios.

En la primera planta, o planta principal, el patio sigue siendo el distribuidor a las diferentes dependencias. A este espacio se abren todos los vanos, incluidos los de la escalera, que al igual que en el piso inferior se han resuelto en arcos escarzanos que apoyan sobre columnas Toscanas. La galería de la caja de la escalera comunica con varias dependencias que se abren al patio interior y que antaño fueron las cámaras donde los duques recibían a las visitas y, en el caso del ala norte, siguiendo la costumbre de las casas andaluzas, donde se ubicaban el salón y comedor de invierno y las cocinas, hoy teatro-auditorio y sala de preparacion de caterings.

 

La cubierta de esta galería está decorada con pinturas murales de motivos arquitectónicos y de lacerías, en cuyos ángulos se han colocado medallones con imágenes femeninas. El suelo es idéntico al del piso inferior, de baldosas de mármol blanco y negro formando un damero.

 

En los huecos de las paredes, también de estuco, se ha colocado la galería de retratos de todos los duques de Holguín y sus esposas, de diferentes autorías y estilos pictóricos. El mobiliario está compuesto por una colección de consolas de estilo rococó francés, de mediados del siglo XVIII, que salieron de los talleres de Antoine Gaudreau, Bernard van Burgh, Charles Cressent, François Oeben o Jean Pierre Latz, entre otros. Sobre ellas reposan el resto de relojes y jarrones chinos de las colecciones Holguín. En cuanto a los asientos repartidos entre medias, en este piso se trata de sofás Luis XV que han sido retapizados con la misma tela que las sillas del nivel inferior.

En las esquinas del tiro único de la escalera imperial que da acceso a esta planta, se encuentran ubicadas dos esculturas de corte helenístico, mientras que sobre la balaustrada que da al hueco del patio, en las cuatro esquinas se han colocado candelabros a juego con los de la planta baja, aunque de menor tamaño, que conjunta con los apliques de las paredes de todos los niveles.

 

A la segunda y tercera planta, se accede a través de una escalera situada en el ala derecha del edificio que carece de especial valor arquitectónico, a excepción del friso de azulejos andaluces, que han sido restaurados y conservados. En estos niveles, y distribuidos a través de un corredor de techos planos y sin decoración, similar en diseño y proporciones al del piso principal, se encontraban en su día las habitaciones del servicio y de las diferentes labores; lavaderos y zona para la plancha entre otras, las cuales han sido trasladadas al sótano. Estas dependencias son rectangulares, con cubiertas mediante viguería de maderas y actualmente acogen las cuarenta y ocho habitaciones del hotel (cuatro individuales, veintiocho dobles standard, once dobles premium, dos suites junior y tres suites royal.