Jardín interior

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El jardín interior es un pequeño vergel de 10 metros de ancho por 15 de largo que se alza en el espacio que antaño ocuparon las cocheras y que la duquesa viuda de Holguín, madre de doña Fina, remodeló cuando contrajo matrimonio.

El suelo, que antes de que la propiedad recayera en manos de Las Tulipanes era de tierra y cemento, ha sido sustituido por mármol de Carrara con veta verde, similar en calidad al que cubre el pavimento de toda la planta baja. Solo se ha dejado sin losar una franja central que discurre de norte a sur y cuatro zonas cuadrangulares en las esquinas, en las que crecían unas altas y espectaculares palmeras de más de cien años de antigüedad y que se han respetado ya que aportan solera al entorno.

En cuanto a la franja central, en ella se han replantado diferentes especies de árboles, arbustos verdes y otras plantas tropicales que, a su vez, hacen de separador de espacios entre la zona que se considera de cafetería –a la izquierda– y la del restaurante –a la derecha–. Este espacio está limitado con un seto de aligustre de setenta centímetros de alto y el suelo es de césped, lo que da frescor al espacio. Para completar el efecto, multitud de macetas de cerámica sevillana con plantas de jardín –aspidistras, aralias, yucas, aucubas, monsteras, helechos y una variedad de palmeras enanas– se hallan repartidas aleatoriamente por toda la zona.

El resto del verdor y la frescura lo aporta las paredes norte y sur, donde se ha instalado sendos jardines verticales con sistema de riego integrado, compuestos por plantas trepadoras y florales como romero tapizante, uña de león, jazmín y epífitas, que aportan la única nota de color, además de un embriagador aroma. Los muros están completamente alfombrados, desde el último piso hasta el suelo, ya que se trata de paredes verticales sin ventanas y solo están rotas por la puerta doble de acceso desde el patio y las dos puertas de acceso a los reservados del restaurante. Una fuente de tres caños que caen a un vaso con forma de media estrella de ocho puntas, confeccionado con piedra ostionera, se apoya también sobre la pared norte con un luneto, o altorrelieve, de bronce oscurecido de una mujer sujetando un ánfora, obra del escultor valenciano Mariano Benlliure, de principios del siglo XX y que estaba inspirada en la Fuente de La Negrita, que en aquellas fechas adornaba el baluarte de San Carlos.

Las paredes este y oeste, sin embargo, están desnudas, y la componen, en la planta baja, dos dobles puertas de acceso al restaurante y una a la cafetería. En los huecos, situados a menos de un metro de distancia, aportan luz en las noches los apliques de forja con globos de cristal blanco, que son complementados con velas sobre las mesas, lo que conforma un ambiente íntimo y acogedor. En la primera planta, cuatro ventanas de dos metros de ancho en cada pared, con falsos balcones de forja y contraventanas de cortinilla de madera blanca, con falsos remates en forma de arco de medio punto. En cuanto a los pisos segundo y tercero, las ventanas –también en número de cuatro en cada una– son rectangulares, de carpintería de aluminio blanco imitando a madera, con cristal Climalit y cuarterones, que pertenecen a las habitaciones de huéspedes de esas plantas.   

En la zona de la cafetería se levanta un pozo de diseño árabe de mármol blanco, con brocal octogonal, también rodeado de macetas, que cuenta con una elaborada tapa de hierro forjado. Y en el centro del patio, rodeada por césped, un pequeño estanque cuadrado de, aproximadamente metro y medio de lado, dentro del cual se eleva un pequeño pedestal con una estatua de mármol de una danzarina.

El mobiliario es muy diferente en ambas zonas. La parte que está atendida por la cafetería continúa con el mismo estilo que el del patio interior, compuesto por cinco conjuntos de mesas de mimbre y rattan con cristal de Rohé Noordwolde, rodeadas por sillones y sofás de la colección Golf de la marca Point del mismo material, con asientos de loneta blancos adornados con diferentes cojines en tonalidades pastel: beige, turquesa, amarillos, azules y rosas. Sobre cada mesa, un pequeño centro floral de tulipanes multicolores.

Sin embargo, en la zona del restaurante, la decoración de las mesas, cuadradas y redondas, es mucho más formal. Vestidas por manteles de un blanco impoluto, están preparadas para las comida con servicio completo de vajilla blanca, servilletas verde hoja y cubertería de acero inoxidable. La cristalería, transparente, y un pequeño centro de tulipanes amarillos completan el conjunto. Las sillas de esta zona del patio son de forja negras, de Bentley Garden, con asientos tapizados en verde hoja.