Despacho de Patricia

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En lo que en sus orígenes fue el guardarropa para las visitas se abre un espacio de 7x7 metros que en la actualidad es el emplazamiento del despacho de Patricia. 

El techo y el suelo son los originales, si bien las paredes ya estaban desnudas cuando las Tulipanes recibieron el palacete. Es por ello que, aunque en un principio se pensó trasladar allí el despacho del duque, ubicado en la biblioteca, finalmente Patricia se quedó prendada del mobiliario de las dependencias privadas de la duquesa, que estaba junto a su dormitorio.

 

Se trata de un conjunto de estilo veneciano de madera lacada en blanco y finas aplicaciones de pan de oro, con influencia barroca, compuesto por un tresillo de madera cuya tapicería, en muy mal estado, tuvo que ser reemplazado por una tela italiana de color gris plata con ramajes floreados en negro. Se trata de un sofá de tres plazas y dos sillones individuales de madera, con patas y respaldo cabriolé (en forma de «S» irregulares), al que acompaña una mesa de centro cuadrada, de 90 cm. de lado, con cubierta de cristal y patas torneadas con base de madera maciza, y tres mesas auxiliares del mismo diseño que han sido dispuestas en diferentes esquinas de la estancia. Esta decoración configuraba un espacio de descanso íntimo de la señora de la casa.

 

En el mismo se encontraba también un gran escritorio a juego de 1,80 m de largo por 1m de ancho, cuyas esquinas en ángulo imitan columnas planas con capiteles corintios adornados con pan de oro. El frontal es de rejilla ciega y los laterales, macizos con cuarterones, aportan un elegante y delicado aire al mueble a pesar de su tamaño y solidez. En la parte interior, tres cajones a cada lado y dos estrechos en el medio. Sobre el tablero se exhibe la rica escribanía de la duquesa, de bronce dorado, adornada con dos querubines que sujetan el escudo de los Quesada, de 32x15x24 cm y 7,80 kg de peso. A juego con esta, un abrecartas y un tarjetero, así como una lámpara, también de bronce dorado, de estilo Heritage con tres luces y pantalla clásica de metal verde inglés de 62 cm de alto y 33 de diámetro.

El contrapunto moderno lo aporta el gran ordenador de sobremesa de color plateado y pantalla de 27" y el sillón de trabajo; uno de Crearte Collections, con respaldo orejero alto, tapizado en capitoné con piel vacuna blanca y tachuelas doradas. Dos poltronas antiguas, con la parte central del respaldo en forma de «8» irregular y asiento tapizado en seda blanca adamascada, de estilo rococó, que pertenecían a otra estancia del palacete completan esta zona.

Para el espacio dedicado a las reuniones, se ha trasladado hasta allí lo que en su día fuera el comedor privado de la duquesa. Una mesa ovalada para seis comensales, del mismo estilo, y seis sillas a las que se tapizó con la misma tela que los sofás.

En cuanto a las paredes, y dado que sobre ellas no había limitaciones por parte de Patrimonio, se acordó decorarlas de forma acorde con el mobiliario. Para ello se pintaron con estuco veneciano blanco, imitando a madera, y se incluyeron cuarterones, en los que se colocaron apliques de luz –del mismo estilo que la lámpara de sobremesa, de bronce dorado y dos luces, con pantallas de lino beige con textura natural– y espejos venecianos. Estos estaban, así mismo, separados por columnas cuadradas que imitaban los adornos del escritorio. En el muro sur, donde se instaló una chimenea de obra pintada a estuco, meramente ornamental, se encastraron, al ras, sendas vitrinas de madera lacada (iluminadas en su interior) con la parte inferior imitando la rejilla del escritorio. Sobre la chimenea, una fotografía realizada por la propia Patricia y positivada sobre lienzo, sin marco, con una toma nocturna de la playa de La Caleta.

El techo, abovedado, contiene un cielo azul estrellado con los signos del zodíaco pintados al fresco, retroiluminado de forma indirecta con tiras de luces LED escondidas en las ménsulas que lo soportan. Estas, a su vez, conformadas por pequeños cuarterones, disponen de un punto de luz directa, también LED, en cada uno  de ellos.

El resto de la iluminación la conforman las lámparas de sobremesa, diseño de Andreas Weber, con pie de plata pulida con madera de álamo de nogal, de suave línea tubular que va de fino a ancho, de 57 cm de alto, y pantallas de lino beige con textura natural idénticas a las de los apliques de la pared.

 

El suelo es de mármol blanco de Carrara y una fina cenefa en marrón claro. Casi cubriéndolo por completo, una suntuosa alfombra de la Real Fábrica de Tapices de seda y lana en gris claro y cenefa negra y gris. En la ventana, de dos metros de ancho por tres de alto, cortinajes de seda beige ribeteadas en gris plata con alzapaños a juego.