Cafetería

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La cafetería-buffet es un espacio de 17 x 25 metros que se encuentra ubicada en lo que antes fue una bodega que, tras la nueva remodelación, ha sido trasladada al sótano. En ella se sirven los desayunos de los huéspedes del hotel y también da servicio durante el resto de la jornada a todo tipo de clientes , alojados o no, que quieren algo sencillo o un típico tapeo gaditano, ya sea como bar-cafetería o como restaurante-buffet en el almuerzo y las cenas.

Esta zona está dividida, a lo largo, en dos partes. En la parte más estrecha, de cuatro metros de ancho, se encuentran los baños de señoras y caballeros –que incluyen aseo para personas con movilidad reducida–; una sala de preparados que incluye un elevaplatos que viene de las cocinas, situadas en el sótano, y una encimara de acero inoxidable y, entre medias de ambos espacios, una barra de bar de doce metros de largo, de mármol negro, con banquetas. Tras la barra, tres cafeteras industriales, planchas y demás utensilios típicos para dar servicio de bar-cafetería. 

     

La sala grande, de trece metros de ancho, es completamente diáfana y la ocupan algo más de una veintena de mesas de madera de haya tratada con incrustaciones de palisandro de HT Deco, rodeadas por cuatro sillas Art Decó moderno, de Casa Padrino, de madera pintada en plata y tapicería de tela italiana de patrón fino de poliéster y algodón de rallas blancas y negras en el respaldo y negro liso en el asiento. Al fondo, dos barras de madera de doble cara –en las que se instalan los bufés libres– y varias islas/carros más pequeños, también de madera, con bollería y zona de microondas y leches especiales. El centro de este espacio, para dar color al entorno, está dominado por una zona con cuatro modernos sofás semicirculares, tapizados en rojo, de Roche Bobois, en cuyo espacio central se alza un cerezo japonés y cuatro mesas redondas para cuatro comensales cada una.

El acceso a la cafetería es posible tanto desde la puerta trasera, que en la calle posterior se abre en mitad de la fachada norte, como desde el patio del hotel, a través de unas dobles puertas de palillería francesa, lacadas en blanco. Un atril de madera junto ellas es el lugar desde donde el jefe de sala toma nota de la habitación de los comensales antes de llevarlos a las mesas.

El suelo de todo el espacio es moderno, si bien se han utilizado los materiales y las calidades predominantes en todo el hotel: mármol –en este caso originario del Levante español– de color beige claro pulido. El techo, que ha sido respetado del original, es sencillo, con viguería de madera vista y de él cuelgan cuatro grandes lámparas estilo Art Decó moderno de acero inoxidable con doce luces LED y cristales colgantes a cuatro alturas en escalera, modelo Honorable, de Lightzone.

 

La pared este, que da al jardín interior colindante, contiene los vanos de unas dobles puertas acabadas en arco de medio punto de acceso al mismo, de madera lacada en blanco, y amplios ventanales cuadrados a cada lado, de aluminio imitando madera blanca, con cristal Climalit y cuarterones.

 

Nuestras protagonistas decidieron sacar a concurso público el subarriendo de este espacio, una vez montado y decorado, a fin de ahorrarse problemas –al tratarse de un negocio que estaba fuera de sus facultades–, y no complicarse la vida con empleados y salarios. Por ese motivo, ya en el momento de la inauguración del hotel Palacio Los Tulipanes, este servicio estaba gestionado por una importante cadena de hostelería de Cádiz.